El Horizonte
El horizonte El hombre salió de su casa y recorrió el sendero, que recortado de piedras y viejas baldosas multicolores lo llevaba más allá de sus linderos. Miró hacia atrás y observó el tejado de su cálido chalet teñido de un verde parduzco, señal inconfundible de la resina de los largos pinos que cercaban su casa. Camino unos pasos hasta alcanzar la empalizada de madera que como flechas inconmovibles clavadas en la tierra señalaban al cielo, marcando el perímetro de su casa. Desde ese rincón de la tierra en el que había pasado los últimos cuarenta años de su vida, gozaba serenamente del espectáculo que la naturaleza le brindaba, y se embelesaba con cada puesta de sol, allá detrás de las colinas vestidas de verdes árboles. Justo allí, frente suyo, ese sol tan inmenso que parecía recostarse sobre el límite mismo del planeta le regalaba a diario, como un soneto de enamorados, sus últimos destellos del día que sabían a poesía. Atravesó la pequeña puerta buscando unos metros ...