Una cuestión del corazón
Una cuestión del corazón I.- Cerró Internet, y apagó el monitor. Había estado frente a la pantalla por más de dos horas chateando, y al mismo tiempo navegando por la red social. Casi como una metodología consensuada tácitamente, mientras uno escribía, el otro dedicaba ese tiempo a actualizar su muro, subir o etiquetar fotos, responder mensajes, dejar comentarios en el muro de sus contactos, etc. etc. Sonrió al repasar en unos segundos el resultado de esa mecánica. Una sonrisa, casi conformista, resignada, diciéndose a sí mismo: relájate amigo, paciencia, si quieres estar, acepta el sistema; tú eres eso, debes serlo si quieres mantenerte, aunque no quieras o creas que no debes serlo. Mientras los pensamientos lo inundaban a borbotones se reincorporó de la silla y se dispuso transitar los escasos metros que separaban su computadora de la cama. Si algo lo sorprendía sin que su extrema racionalidad pudiera darle respuestas precisas, como un programa, en apariencia visual...