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La preciosa historia de Lincoln y los pájaros que salvó

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  La preciosa historia de Lincoln y los pájaros que salvó Cuatro   abogados jóvenes   cabalgaban por un sendero hacia la Corte de un pueblo cercano. Esa noche había llovido en abundancia y a pesar del cielo despejado, el camino estaba realmente embarrado. Tenía que cabalgar en fila, y aún así hablaban y reían entre ellos. Hacía un día espléndido y estaban de muy buen humor. Al pasar junto a un árbol, de pronto se escuchó un tremendo alboroto: una pareja de  petirrojos  chillaba en su nido, rodeados por algunos pequeños pájaros recién nacidos. – ¿Qué alboroto es este?- preguntó el primer abogado. – Creo que se han caído algunas crías por la tormenta de anoche- insinuó el segundo abogado, señalando al suelo. Entonces pudieron ver a dos pequeños petirrojos que aleteaban sin éxito sobre el musgo mojado. Aún  no sabían volar  y a pesar de su desesperación, no podían regresar al nido. – ¡Ja, ja, ja!- rió el tercero de los abogados- Pronto les enseña la vida ...

El esclavo del amor

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  Hay que empezar por la cicatriz al hablar de Agustín Lara. El mismo empezaba por ahí cuando  cantaba el bolero de su vida, que es la mejor de sus canciones, lo que es decir mucho, teniendo en cuenta las canciones que escribió. La cicatriz era un tajo que le cruzaba la cara desde la comisura de la boca hasta el nacimiento de la oreja. La leyenda dice que se la hicieron en algún momento entre sus trece y sus veinte años, en alguna de las casas de putas donde tocaba el piano. No se sabe si fue navajazo de chulo airado o botellazo de dama desairada, si fue por algo que él había  hecho o por algo que decía en alguna de sus canciones. “No recuerdo que Agustín Lara haya dicho nunca una verdad y la cicatriz es su mentira más productiva”, diría su primer biógrafo, explicando por qué renunciaba a la tarea. La cicatriz, es decir la fealdad de El Flaco de Oro, es el mito de origen de sus innumerables conquistas. El le echaba la culpa a Dios: “El Señor de los Señores me hizo tan feo...

El don de la serenidad (cuento zen)

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  Un día Tsin Shih le preguntó a su maestro cual era el secreto de su imperturbable serenidad, a lo que este respondió: - Cooperar incondicionalmente con lo inevitable. - Explíquese maestro - dijo todavía confuso su joven alumno. - La vida nos enfrenta todo el tiempo a situaciones impredecibles, que a veces ni los más experimentados pronosticadores pueden anticipar. En general estas son situaciones que no queremos, y ahí es donde se origina el sufrimiento y donde se perturba el alma. Es en el momento que no aceptamos lo que nos pasa cuando comenzamos a sufrir el desgaste emocional y el sufrimiento que esto conlleva. La pérdida de personas queridas, una pérdida económica o una ruptura sentimental son claros ejemplos del origen del sufrimiento. En todas las situaciones, nuestra mente se resiste a aceptarlo, ¿qué paso? Nuestro ego p erdió el control. Aceptar los hechos que “creemos” que no podemos controlar es parte de elevar nuestra energía y aprender que la aceptación, no debe ser ...

Amar

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Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías,  su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario,  hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive  son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías,  y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido,  que no puede confiar ni en si mismo;  es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia,  su verdadera identidad, y apreciar honestamente  su ...

Vale la pena...

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Encontrarse a uno mismo es el camino más largo y más difícil, pero vale la pena. Vale la pena ser uno, y ser querido por ello. Vale la pena mostrarse tal cual es, porque de nada sirve que amen nuestra existencia virtual. Vale la pena, porque un puede verse sin espejos deformados; con defectos y virtudes, pero auténtico, pleno, único. Vale la pena, porque el amor se construye sobre realidades, aunque los sueños le den la magia que soporta las tempestades. Vale la pena, porque no se puede ser feliz virtualmente, ni bonito, ni perfecto. Vale la pena, porque aún sin belleza exterior, y siendo naturalmente imperfectos, solo en el mundo real nos enriquecemos el alma y podemos aspirar a ser mejores. Vale la pena, porque tener mundos paralelos nos lleva indefectiblemente a que nos enamoremos del personaje y dejemos de querernos en la vida real. Vale la pena, porque es bueno ser amado por lo que uno es, y no por lo que aparenta ser. Vale la pena, porque simplemente creatura de...

No te rindas

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No te rindas, aún estás a tiempo De alcanzar y comenzar de nuevo, Aceptar tus sombras, Enterrar tus miedos, Liberar el lastre, Retomar el vuelo. No te rindas que la vida es eso, Continuar el viaje, Perseguir tus sueños, Destrabar el tiempo, Correr los escombros, Y destapar el cielo. No te rindas, por favor no cedas, Aunque el frío queme, Aunque el miedo muerda, Aunque el sol se esconda, Y se calle el viento, Aún hay fuego en tu alma Aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo Porque lo has querido y porque te quiero Porque existe el vino y el amor, es cierto. Porque no hay heridas que no cure el tiempo. Abrir las puertas, Quitar los cerrojos, Abandonar las murallas que te protegieron, Vivir la vida y aceptar el reto, Recuperar la risa, Ensayar un canto, Bajar la guardia y extender las manos Desplegar las alas E intentar de nuevo, Celebrar la vida y retomar los cielos. No te rindas, por fa...

La condición posmoderna en foco

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la condición posmoderna en foco La invitación de la postmodernidad a no pensar y a renegar de la verdad como dato central de nuestra existencia conlleva la pérdida de la propia dignidad, porque al tiempo que exacerba la individualidad, promueve la ignorancia, la irresponsabilidad, el engaño y la falta de respeto por sí mismo. Si todos estuviéramos convencidos de la imposibilidad de luchar contra este dato de la realidad, importaría tanto como admitir que el pensamiento débil, se ha apoderado de nuestra conciencia. Debería uno recluirse dentro de las fronteras del propio hogar y dejar las cosas como están. Paradojalmente, mientras hemos sido capaces de desarrollar máquinas e instrumentos inteligentes, hemos ido perdiendo noción de nuestra propia centralidad como seres humanos. Hemos concebido innumerables artificios tecnológicos para producir más, para combatir enfermedades, para facilitar el trabajo diario, para comunicarnos. Sin embargo, al mismo tiempo, nos valemos de esos ...