La preciosa historia de Lincoln y los pájaros que salvó

 

La preciosa historia de Lincoln y los pájaros que salvó

Cuatro abogados jóvenes cabalgaban por un sendero hacia la Corte de un pueblo cercano. Esa noche había llovido en abundancia y a pesar del cielo despejado, el camino estaba realmente embarrado. Tenía que cabalgar en fila, y aún así hablaban y reían entre ellos.

Hacía un día espléndido y estaban de muy buen humor. Al pasar junto a un árbol, de pronto se escuchó un tremendo alboroto: una pareja de petirrojos chillaba en su nido, rodeados por algunos pequeños pájaros recién nacidos.

– ¿Qué alboroto es este?- preguntó el primer abogado.

– Creo que se han caído algunas crías por la tormenta de anoche- insinuó el segundo abogado, señalando al suelo.

Entonces pudieron ver a dos pequeños petirrojos que aleteaban sin éxito sobre el musgo mojado. Aún no sabían volar y a pesar de su desesperación, no podían regresar al nido.

– ¡Ja, ja, ja!- rió el tercero de los abogados- Pronto les enseña la vida lo dura y corta que puede ser… Es la justicia de la ley de vida… dejemos que siga su curso sin entrometernos.

Los tres abogados reanudaron entonces su marcha, mientras que el cuarto abogado, parado frente al nido de pájaros, decidió hacer algo. Se bajó del caballo, sujetó a los dos pajaritos entres sus fuertes y firmes manos y pensó en cómo devolverlos a su hogar. El nido estaba muy alto.

– Bueno, de algo me servirá haber escalado tantos árboles de pequeño- pensó.

Y sin más, comenzó a trepar por el escarpado tronco, ayudándose con una mano, mientras sujetaba con suavidad a las pequeñas aves en la otra. Con algo de dificultad, llegó hasta el nido y depositó con mucho cuidado a las crías de petirrojo.

– Ahí estaréis bien pequeños. Procurad no volver a caeros del niño antes de aprender a volar.

Los compañeros de este joven abogado no se habían percatado de su ausencia. Lo hicieron al parar junto a un arroyo.

– ¿Dónde está Lincoln?- preguntó uno de ellos.

– ¡Ya lo conoces! Seguro que se quedó a ayudar a esos pájaros…

Al rato llegó, algo exhausto, con la chaqueta rajada y todo polvoriento.

– ¡Menudas pintas traes, amigo!- le reprochó el primer abogado- ¿Crees que merecía la pena? ¡Solo eran pájaros!

Abraham Lincoln les miró fijamente y dijo:

– No hubiera podido dormir esta noche si hubiera dejado que esas dos criaturas indefensas murieran en la hierba mojada sin hacer nada…

Lincoln se convirtió en un gran abogado y años después, en uno de los más valorados presidentes de los Estados Unidos.

(Esta historia de Lincoln y los pájaros fue recogida en un libro por el escritor estadounidense James Baldwin (1924-1987), dedicado a anécdotas de personajes famosos.)

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